La Historia del Arte de valencia.

Este blog está realizado para presentar desde un punto de vista informativo, sin prescindir del necesario rigor histórico, distintos aspectos de la Historia, la Cultura y la Historia del Arte Valenciano.

El territorio valenciano se sitúa en la zona del Levante de la Península Ibérica, siendo un lugar donde se han desarrollado importantes manifestaciones artísticas desde la Prehistoria. Por el territorio valenciano han pasado grandes civilizaciones. Las antiguas civilizaciones de la prehistoria, la cultura ibérica, las colonias griegas y púnicas que se instalaron en estos territorios . La colonización romana, seguida de la conquista visigoda y las colonias bizantinas que se establecieron en la mitad sur del territorio valenciano. El dominio islámico, al cual continuó la reconquista por parte de los reinos cristianos, conviviendo cristianos, musulmanes y judíos. La formación del Reino de Valencia dentro de la Corona de Aragón. Con los Reyes Católicos, el Reino de Valencia se anexionó al territorio español, donde permanece hasta la actualidad, diferenciándose por tener una historia, una cultura y una lengua propia, dentro de los distintos reinos que conforman el actual estado español.

Los artículos son presentados con gran sencillez ante los lectores con el objeto de que su lectura resulte interesante y amena, presentando una serie de enlaces y bibliografías donde se puede buscar y precisar una información más detallada de cada uno de los temas seleccionados.

Espero que lo disfrutéis.




Estudios Valencianos Histórico-Artísticos.
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lunes, 7 de noviembre de 2011

La Historia de Valencia.

LOS ORÍGENES
Valencia fue fundada en el año 138 a.C., siendo cónsul romano Décimo Junio Bruto, para instalar soldados licenciados, a los que repartió tierras junto a la nueva ciudad. La arqueología ha sacado a la luz evidencias del primer asentamiento, agujeros para postes de cabañas y tiendas de campaña, seguramente un refugio provisional que en pocos años dio paso a edificaciones más sólidas. La colonia prosperó con rapidez y en poco tiempo comenzó a acuñar moneda propia.
La ciudad fue destruida en el año 75 a. C. en el curso de la guerra entre Pompeyo y Sertorio. En la excavación de la Almoina se han descubierto los restos descuartizados de varios soldados junto con sus armas, evidencia de lo que debió ser una escaramuza de la batalla. De resultas de ello, debió quedar prácticamente abandonada durante al menos cincuenta años.
Desde mediados del siglo I Valentia había recuperado ya el ritmo perdido e iniciaba una larga etapa de desarrollo, caracterizada por el crecimiento urbano, la afluencia de nuevos colonos, y el engrandecimiento de la urbe mediante la erección de grandes edificios públicos como el foro o el circo y la ejecución de importantes obras de infraestructura, como un puerto fluvial junto a las actuales torres de Serrans o la traída de aguas, un equipamiento del que los valencianos no volverían a gozar hasta mediados del siglo XIX.
En la segunda mitad del siglo III, de manera paralela al resto del Imperio, Valentia atravesó una etapa de crisis que marcó el inicio de un largo periodo de decadencia, a lo largo del cual la ciudad fue retrayendo su perímetro, despoblándose barrios enteros, y se abandonaron las redes de infraestructuras, síntoma de una relajación en el gobierno municipal. Desde mediados del siglo IV pudo existir una comunidad cristiana en la ciudad conformada en torno a la memoria del santo Vicente, martirizado aquí en el año 304.
Un siglo después, coincidiendo con las primeras oleadas de pueblos germánicos y con el vacío de poder dejado por la administración imperial, la iglesia asumió las riendas de la ciudad y los edificios de culto cristiano fueron reemplazando los antiguos templos romanos. En tiempos del obispo Justiniano, en el siglo VI, Valentia experimentó una cierta recuperación, frenándose por algún tiempo la degradación urbana y se celebró en ella un importante concilio regional. Con la invasión bizantina del sudoeste de la península en 554 la ciudad cobró una importancia estratégica, instalándose en ella contingentes militares visigodos y emprendiendo tareas de fortificación del antiguo circo romano. Tras la expulsión de los bizantinos en el 625 se inicia una etapa oscura, mal conocida por la historia y apenas documentada por la arqueología, que parece testimoniar un tono de vida urbana muy bajo.
EPOCA MUSULMANA
Tras la conquista musulmana del 711, y siguiendo con la tónica anterior, la primera etapa de dominio musulmán constituye un periodo oscuro para Valencia (Balansiya en las fuentes árabes), del que apenas tenemos referencias. Una de ellas nos habla de la destrucción de la ciudad por Abd al-Rahman I —primer emir de Córdoba—, pero probablemente el hecho más relevante de la etapa emiral sea la presencia de Abd allah al-Balansi, hijo de aquel, quien ejerció una especie de gobierno autónomo sobre el área valenciana, y ordenó construir en las afueras de la ciudad un lujoso palacio, la Russafa, origen del barrio del mismo nombre, y del que por el momento no se ha encontrado resto alguno. Más allá de los hechos políticos, lo verdaderamente trascendente es la entrada de la ciudad dentro de la órbita del Islam, que en poco tiempo cambió la lengua, la religión y las costumbres de sus habitantes.
En época califal Balansiya inició el camino de la recuperación urbana mediante la construcción de un primer perímetro de huerta en el actual barrio del Carmen y la remodelación de la antigua área episcopal visigoda en el entorno de la catedral para convertirlo en un zoco vinculado a la residencia del gobernador.
Pero el verdadero auge de la ciudad comenzó tras la caída del califato de Córdoba, en el 1010, que dio inicio a la aparición de toda una serie de reinos autónomos o de taifas, uno de ellos el de Valencia. La ciudad creció, y en tiempos del rey Abd al-Aziz se edificó una nueva muralla, de la cual todavía se conservan restos en el barrio del Carmen. Numerosos hallazgos arqueológicos testimonian el auge alcanzado por la ciudad en este momento.
A finales del siglo XI, aprovechando el clima de inestabilidad política, el Cid, un mercenario de fortuna se hizo con el control de Valencia, la cual permaneció en manos de las tropas cristianas hasta el 1003. A su marcha, los almorávides ocuparon la ciudad y reinstauraron el culto musulmán, instalando un gobernador a su frente.
La decadencia del poder almorávide coincidió con el ascenso de una nueva dinastía norteafricana, los almohades, que se hicieron con el control de la península a partir del 1145. Su entrada en Valencia, sin embargo, se vio frenada por Ibn Mardanis, el rey lobo, monarca de Valencia y Murcia, pero finalmente la ciudad cayó en manos de los norteafricanos en 1171.
En las primeras décadas del siglo XIII la ciudad se refortificó ante la inminencia del avance feudal. Las fuentes cristianas la describen como una urbe populosa, rodeada por una feraz huerta, y su caída fue celebrada en toda Europa.
Con la conquista de Valencia por Jaime I en 1238 se puso fin a cinco siglos de cultura musulmana, pero ésta dejó una sólida impronta en la ciudad y el territorio valenciano.
LA ÉPOCA FEUDAL
Tras la victoria cristiana, la población musulmana fue expulsada y la ciudad repartida entre aquellos que habían participado en la conquista, de lo que queda testimonio en el Llibre del Repartiment. Jaime I otorgó a la ciudad unas nuevas leyes, els Furs, que años después hizo extensivas a todo el reino de Valencia. Comenzaba aquí una etapa nueva, de la mano de una nueva sociedad y de una nueva lengua, que sentó las bases del pueblo valenciano tal y como lo conocemos hoy.
La ciudad pasó por graves aprietos a mediados del siglo XIV. Por un lado, la peste negra de 1348 y las sucesivas epidemias de años siguientes, que diezmaron a la población. Por otro, la guerra de la Unión, una revuelta ciudadana, encabezada por Valencia como capital del reino, contra los excesos de la monarquía. Por último, la guerra con Castilla, que obligó a levantar a toda prisa una nueva muralla para contener, por dos veces en 1363 y 1364, el ataque castellano. En premio, Pedro el Ceremonioso le concedió el título de "dos veces leal", representado por las dos "L" que ostenta su escudo.
La convivencia entre las tres comunidades, cristiana, judía y musulmana, que ocupan la ciudad, fue conflictiva a lo largo de toda la edad media. Los judíos, instalados en torno a la calle de la Mar, habían progresado económica y socialmente, y su barrio fue ampliando progresivamente los límites a costa de las parroquias contiguas. Por su parte, los musulmanes que permanecieron en la ciudad tras la conquista fueron instalados en una morería junto al actual mercado de Mosen Sorell, contigua al entonces barrio artesanal del Carmen. En 1391 una turba descontrolada asaltó el barrio judío, lo que supuso la práctica desaparición de la comunidad y la conversión forzosa de sus miembros al cristianismo, aunque muchos siguieron practicando su religión en secreto. En 1456, de nuevo un tumulto popular condujo al asalto de la morería, aunque sus consecuencias fueron de menor trascendencia.
A finales del siglo XIV adquirieron especial virulencia los conflictos entre las diferentes familias del patriciado local. Alineadas en dos bandos antagónicos, jugaron un papel destacado en el conflicto dinástico que se produjo a la muerte sin descendientes de Martín el Humano, que desemboca en el Compromiso de Caspe y en la entronización de la casa de Trastamara en la corona catalano-aragonesa. En la sentencia jugaron un destacado papel los hermanos Ferrer, Bonifaci y Vicent, este último canonizado por Calixto III en 1455.
En el siglo XV Valencia vivió una etapa de gran desarrollo económico y esplendor cultural y artístico. Se creó la Taula de canvis, una banca municipal en apoyo de las operaciones comerciales, la industria local —con los tejidos a la cabeza— alcanzó un gran desarrollo, y la ciudad se convirtió en un emporio comercial al que acuden mercaderes de toda Europa. A finales de siglo se erigió la Lonja de mercaderes, centro de transacciones y un verdadero templo del comercio.
Este auge económico tiene su reflejo en el plano artístico y cultural. Se levantan ahora algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, como las Torres de Serrans (1392), la Lonja (1482), el Micalet o la capilla de los Reyes del Convento de Santo Domingo. En pintura y escultura se dejan sentir las tendencias flamencas e italianas en artistas como Lluís Dalmau, Gonçal Peris o Damian Forment. En literatura, al amparo de la corte de Alfonso el Magnánimo florece la producción escrita, de la mano de autores como Ausias March, Roiç de Corella o Isabel de Villena. Hacia 1460 Joanot Martorell escribe el Tirant lo Blanch, una innovadora novela de caballería que influyó en numerosos autores posteriores, desde Cervantes a Shakespeare.
VALENCIA EN EL IMPERIO. LA ETAPA VIRREINAL
En el siglo XVI Valencia perdió la posición hegemónica que había tenido en la centuria anterior. El descubrimiento de América cambió los ejes de la política internacional y la llegada masiva de plata indiana transformó la escala de las cosas. Valencia quedó como capital regional de un comercio que mayormente ya no se negocia en su lonja.
La entrada de Valencia en la época moderna estuvo marcada por un hecho traumático: la revuelta de las Germanías, una verdadera guerra civil que enfrentó a la sociedad valenciana: de una parte, los artesanos y labradores, el bajo clero y algunos miembros de la pequeña burguesía, y de otra la nobleza y el alto clero con sus vasallos moriscos y la burguesía bienestante. Tras una primera etapa (1519-1520) en la que la Germanía se hizo con el control de la ciudad y estableció acertadas medidas de gobierno, el proceso se radicalizó. Las tropas agermanadas alcanzaron en un principio algunas victorias militares, pero finalmente fueron derrotadas y sus líderes pasados por las armas, llevándose a cabo una severa represión.
Desde finales del siglo XV operaba en Valencia el tribunal de la Inquisición, cuyo principal objetivo es la persecución de los judíos conversos que seguían practicando en secreto su antigua religión. En pocos años el Santo Oficio consiguió crear un clima de terror en la ciudad, en particular sobre la comunidad judía, al actuar sobre destacados miembros de la sociedad, como la familia del humanista Lluís Vives.
Las ideas humanistas y las corrientes estéticas renacentistas que bullen en Europa llegaron a Valencia por estos años, pero fueron cultivadas tan sólo dentro del restringido circulo cortesano vinculado a la corte virreinal y no llegaron a calar en la sociedad. Por otro lado, a las ideas religiosas protestantes se les contrapuso la ideología contrareformista, postulada por personajes de la talla del patriarca Ribera, promotor del Colegio del Corpus Christi (Foto 15). En el plano cultural, la ciudad vivió un proceso de castellanización, especialmente alentado por la corte virreinal de Germana de Foix. Importantes obras literarias se tradujeron a esta lengua, como El Cortesano, de Lluís Milà, o la Historia de Valencia, de Antoni Beuter.
EL SIGLO XVII
En 1609 se promulgó el decreto de expulsión de los moriscos, siendo el Grao uno de los puertos por los que se embarcaron para ser trasladados al norte de Africa. En realidad, el impacto directo de la expulsión fue escaso en la ciudad de Valencia, ya que apenas quedaban en ella unas pocas casas de moriscos, pero afectó sensiblemente a las rentas de muchos nobles, la mayoría de los residentes en la capital, lo que a la larga repercutió en la economía de la ciudad.
El siglo XVII, y en particular el largo reinado de Felipe IV (1621-1665), se caracterizaron por el reforzamiento de las tendencias absolutistas de la monarquía, lo que se reflejó en Valencia en el progresivo control de los cargos municipales por el rey y su injerencia —a través del virrey— en competencias que los fueros atribuían a la ciudad. Ello produjo continuas tensiones y el envío de embajadas de protesta a la corte. En esta coyuntura se produjo en 1633 el levantamiento de los labradores de la huerta que protestaban por lo que consideraban impuestos abusivos introducidos por la ciudad sobre la producción y el consumo dentro de su término. Los sublevados llegaron a poner cerco a Valencia, lo que obligó a tomar las armas a sus habitantes. El virrey, el marqués de Camarasa, aprobó inicialmente las reivindicaciones de los labradores, lo que apaciguó la rebelión, pero ante el malestar que provocó esta medida en la capital, al año siguiente se llegó a un nuevo acuerdo que satisfacía a ambas partes y no alteraba gravemente las competencias de aquella.
A esta coyuntura adversa se vinieron a sumar sucesivas epidemias de peste (las más graves en 1647 y 1652) que redujeron la población en un tercio, y una calamitosa riada del Turia en 1651. La economía se mantuvo estancada casi toda la centuria, y sólo manifestó síntomas de recuperación en las décadas finales, en parte por la crisis política que vivió Cataluña en esos años. La burguesía mercantil autóctona prácticamente había desaparecido, y el comercio de exportación e importación estaba en manos de extranjeros. La inexistencia de un puerto de mar en condiciones era una de las causas que dificultaban el comercio, por lo que la ciudad promovió a finales de siglo diversas iniciativas encaminadas a su construcción, aunque no llegaron a cuajar.
El XVII, con todo, fue el gran siglo del ceremonial barroco, de las entradas reales, de las procesiones multitudinarias henchidas de fervor religioso, de los protocolarios actos públicos, de la fiesta, en fin, concebida como el espectáculo del poder. Con ocasión de estas celebraciones la ciudad se transformaba: los palacios exhibían en sus fachadas tapices. Lienzos, espejos y cornucopias, se levantaban arcos triunfales efímeros, se iluminaban las calles con faroles, antorchas y cirios, consiguiendo con todo ello una atmósfera mágica que maravillaba al pueblo. Algo de esta teatralidad se ha perpetuado hoy en día en manifestaciones como los Miracles de Sant Vicent o el Corpus.
LA CIUDAD BORBÓNICA
A la muerte sin descendencia de Carlos II se produjo un conflicto dinástico que desembocó en la guerra de Sucesión, una contienda de dimensiones europeas que tuvo en el territorio valenciano uno de sus escenarios. Tras la coronación en Madrid de Felipe V de Borbón en 1701, Valencia se mantuvo leal al nuevo monarca hasta la llegada a la ciudad de tropas del archiduque Carlos de Austria en 1705. El archiduque hizo su entrada triunfal en septiembre de 1706, siendo reconocido como rey, pero su reinado apenas duró unos meses. El 25 de abril de 1707 las tropas borbónicas derrotaban a las austracistas en la batalla de Almansa.
Tras su victoria, Felipe V decretaba la nueva planta, esto es, la abolición de los fueros valencianos y el acomodo del reino y su capital a las leyes y costumbres de Castilla. El gobierno municipal sufrió una profunda transformación, y los cargos dejaron de ser electivos para pasar a ser de designación directa del monarca, venales y hereditarios, y en su mayoría fueron ocupados por aristócratas, en muchos casos foráneos.
Desde el principio de la etapa borbónica Valencia se hubo de acostumbrar a la presencia de tropas en ella. Para acuartelarlas, y también para asegurar el orden en la ciudad, se construyó la Ciudadela junto al convento de Santo Domingo, una fortificación con dos baluartes al exterior y un recio torreón que apuntaba al interior de la urbe. Además, se utilizaron diferentes edificios para alojamiento de tropas, como la propia Lonja, que sirvió de cuartel hasta 1762.
En el plano económico, durante el siglo XVIII Valencia vivió una etapa de recuperación apoyada en la manufactura de tejidos de seda y otras actividades industriales, como la azulejería. Según fuentes de la época, la seda daba trabajo de forma directa o indirecta, a más de 25.000 personas y conformó la fisonomía de todo un barrio, el de Velluters, además de influir en buena medida en el paisaje de la huerta, con sus caminos bordeados de moreras y sus alquerías de altas andanas para la cría del gusano. El Colegio del Arte Mayor de la Seda era el encargado de regular una profesión, la de velluter, cada vez más apartada del marco gremial y más cercana a la proletarización. Dadas las deficiencias de las instalaciones portuarias, la producción se remitía por tierra a Cádiz, desde cuyo puerto era redistribuida, gozando de especial acogida en el mercado americano.
El XVIII fue el siglo de las ideas, el siglo de las luces. El pensamiento ilustrado nacido en Francia encontró en Valencia un eco ferviente, y contó con nombres de reconocido prestigio europeo, como Gregorio Mayans o Pérez Bayer, quienes mantenían correspondencia con los más destacados pensadores franceses o alemanes del momento, aunque su trabajo les llevara en ocasiones lejos de Valencia. En este ambiente de exaltación de las ideas toma cuerpo en 1776 la Sociedad Económica de Amigos del País, introductora de numerosas mejoras en la producción agrícola e industrial y promotora de diversas instituciones económicas, cívicas y culturales.
EL SIGLO XIX
La historia de Valencia, como en buena medida la del resto de Europa, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX estuvo marcada por las repercusiones de la revolución francesa.
Ante la noticia de las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII y del levantamiento de Madrid el 2 de mayo frente a las tropas napoleónicas, el pueblo valenciano se alzó en armas el 23 de mayo de 1808 enardecido por las arengas de personajes como el Palleter. Los amotinados tomaron la Ciudadela y constituyeron una Junta Suprema de gobierno que se hizo cargo de la ciudad y se aprestó a la defensa. En el tenso ambiente revolucionario, el sector más radical de la revuelta asaltó la ciudadela y pasó por las armas a cuatrocientos civiles franceses allí guarecidos.
El 28 de junio se produjo un primer ataque del ejercito napoleónico al mando del general Moncey, que fue heroicamente rechazado. Posteriormente, el general Suchet repitió el cerco por dos veces, consiguiendo su objetivo el 9 de enero de 1812, después de varios días de incesantes bombardeos. Su control sobre la ciudad fue breve, pues en julio de 1813 debió abandonarla ante la retirada del ejército francés.
Durante los años de invasión napoleónica los valencianos celebraron elecciones a diputados y enviaron sus representantes a las Cortes de Cadiz, donde se redacto una constitución de carácter liberal y antiseñorial.
Un año después de la salida de las tropas de Suchet, en mayo de 1814, Fernando VII regresó a la península a través de Valencia, hizo una escenográfica entrada triunfal y se instaló en el palacio de Cervelló, derogando de inmediato la constitución aprobada en Cádiz e instaurando un régimen de carácter absolutista. La ciudad vivió esos años bajo las órdenes del general Elío, que la gobernó con mano dura.
La historia de Valencia durante el reinado de Fernando VII e incluso después, es sustancialmente la del resto de España: una etapa de conflictos entre los partidarios de un régimen absolutista que se desmorona por momentos y los adeptos del liberalismo, que no acaban de hacerse con el poder. Pero en Valencia se vivieron algunos de los episodios más notables. En marzo de 1820, durante el Trienio Liberal (1820-23), Elío fue encarcelado y tres meses después ejecutado. Durante la etapa ultra-conservadora que siguió a continuación (la llamada Década Ominosa, de 1823 a 1833), se llevó a cabo una represión implacable contra liberales y masones a cargo de la fuerzas del Estado y de la Inquisición, quien ejecutó en Valencia a su última víctima en 1824, Cayetano Ripoll, un maestro acusado de "deista" y "masón".
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, durante la regencia de María Cristina y el posterior gobierno progresista del general Espartero, se liquidó definitivamente el Antiguo Régimen, consolidándose el estado liberal. Fueron años difíciles, en los que la ciudad vivió un clima revolucionario, con enfrentamientos entre liberales y republicanos, y en permanente amenaza por las tropas carlistas de Cabrera que, bajando desde el Maestrazgo, asolaban la huerta. Fue desde Valencia donde María Cristina partió al exilio en octubre de 1840, tras fracasar un acuerdo con Espartero, y fue a esta misma ciudad donde regresó tres años después, ante el alzamiento del general Narváez, que depuso a Espartero y proclamó a Isabel II como reina.
Durante este convulso periodo se produjeron cambios importantes. En 1833 se crearon las provincias. Ese mismo año se reestructuró el Ayuntamiento, desapareciendo los cargos vitalicios para acceder a ellos personajes de la burguesía local, representantes sin duda de la oligarquía, pero elegidos mediante sufragio. En 1837 se puso en marcha la desamortización de bienes de la Iglesia, saliendo al mercado inmuebles y terrenos que fueron adquiridos en su mayoría por la burguesía local.
El reinado de Isabel II constituyó una etapa de relativa estabilidad y de crecimiento para Valencia. El ayuntamiento, como el país en su conjunto, pasó a manos de una burguesía moderada, personajes enriquecidos con los negocios urbanísticos realizados al amparo de la desamortización, con la prestación de servicios a la comunidad (abastecimiento de agua, pavimentado, gas, transportes), o con operaciones financieras. Por más que en su concepción de las cosas no existiera un límite claro entre sus negocios y sus compromisos políticos, no cabe duda de que gracias a próceres como José Campo, Valencia dio un salto cualitativo hacia la modernidad, mejorando sustancialmente las infraestructuras y los servicios y llevándose a cabo proyectos, como el del puerto, largo tiempo demandados.
Con todo, el agitado contexto ideológico reflejo del que se vivía en Europa y los excesos reaccionarios de la corona desembocaron en la revolución de 1868, "la Gloriosa". Isabel II marchó al exilio, se redactó una constitución progresista y se formó nuevo gobierno presidido por el general Prim, quien se encargó de buscar un candidato para ocupar el trono, encontrándolo en Amadeo de Saboya. El nuevo rey gobernó de acuerdo a la constitución durante cuatro años plagados de conflictos políticos (entre los borbones partidarios de la restauración, los carlistas, los republicanos federalistas y los socialistas), pero finalmente abdicó en 1873, proclamándose la Primera República.
En medio de un ambiente radicalizado, se desató la insurrección cantonalista. El Cantón de Valencia, proclamado el 19 de julio, no tuvo el carácter revolucionario que alcanzó en otras zonas de España, pero el gobierno de Madrid decidió ahogar la rebelión con las armas, enviando tropas al mando del general Martínez Campos, nombrado capitán general de la plaza, quien el 7 de agosto entró en la ciudad tras someterla a un intenso bombardeo. Apaciguado el conflicto, el militar buscó apoyos en ella para promover la Restauración de la dinastía borbónica, y tras el pronunciamiento de Sagunto y la ocupación de Valencia, dio un golpe de estado que derrocó al gobierno republicano. Alfonso XII, hijo de Isabel II, llegó a Valencia, camino de Madrid, el 11 de enero de 1875, y poco después fue proclamado rey.
Valencia fue la cuna de la Restauración borbónica, pues destacados miembros del patriciado local contribuyeron a su advenimiento y ayudaron a construir el sostén político del sistema, el bipartidismo entre conservadores y liberales, mediante el clientelismo y el caciquismo. La estabilidad entre ambas formaciones comenzó a venirse abajo, no obstante, con la concesión del sufragio universal masculino en 1890, a partir de lo cual el republicanismo, con Vicente Blasco Ibáñez al frente, ascendió considerablemente hasta convertirse en la fuerza más votada en la ciudad.
En los años setenta cobró fuerza un movimiento cultural comprometido con la recuperación de la lengua y las tradiciones valencianas, la Renaixença, que había dado sus primeros pasos dos décadas antes con la convocatoria de los primeros Jocs Florals. A las posturas iniciales, más cercanas al romanticismo y a la evocación nostálgica, con Teodor Llorente a la cabeza, vinieron a enfrentársele los planteamientos más reivindicativos que encarnaban personas como Constantí Llombart, creador de Lo Rat Penat.
Desde el último cuarto de siglo Valencia comenzó a crecer de forma decidida. El derribo de las murallas en 1868, una vieja aspiración por la que pasaban todas las ansias de modernidad, fue la señal de salida para el asalto de las áreas periféricas. La apertura de las grandes vías, previstas en los planes de Ensanche, potenciaron la rápida urbanización del sector oriental, con una trama viaria ordenada, que se pobló de edificios de estilo modernista y ecléctico, muchos de los cuales todavía existen. En el resto, en especial en la otra orilla del Turia, la urbanización se retrasó hasta bien avanzado el siglo XX. La otra manifestación del carácter expansivo de Valencia fue la anexión de los municipios periféricos, desde el Grau o el Cabanyal a Patraix, Campanar o Benimaclet.
La modernidad cambió los hábitos sociales de la ciudad. La feria de julio pasó a ser el eje del calendario festivo, sin renunciar por ello a las celebraciones más tradicionales o a aquellas otras que comenzaban a adquirir importancia, como las fallas. El teatro era el espectáculo de masas, así como los toros, aunque pronto aparecieron otras novedades, como el cinematógrafo, por el momento una mera curiosidad. Los ciudadanos acomodados acudían al club o al café, mientras los obreros, cada vez más numerosos, se reunían en los casinos, centros de diversión y al tiempo de cultura.
EL SIGLO XX
A principios de siglo Valencia era una ciudad industrializada. La seda había desaparecido, pero subsistía la producción de curtidos y empujaba con fuerza el sector de la madera, la metalurgia y la alimentación, este último con una vertiente exportadora, en particular de vinos y agrios, muy activa. Predominaba la pequeña explotación industrial, pero día a día se introducía la mecanización y la producción se regía por criterios capitalistas. La mejor expresión de esta dinámica eran las exposiciones regionales, en particular la de 1909, emplazada junto a la Alameda, donde se mostraban los avances de la agricultura y la industria.
Con todo, se vivían momentos de crisis: el sistema bipartidista que había sustentado la Restauración cada vez concitaba menor apoyo en las urnas; la pérdida de Cuba provocó una ola de indignación generalizada; los obreros, en número creciente por la industrialización,. comenzaron a organizarse en demanda de mejores condiciones de vida. Era el terreno abonado para el arraigo de ideologías radicales. En Valencia el partido republicano de Blasco Ibañez recogió durante varias décadas los frutos de ese descontento, obteniendo un enorme respaldo popular, y gobernó el consistorio de manera casi ininterrumpida entre 1901 y 1923.
La primera guerra mundial afecto seriamente a la economía valenciana, colapsando las exportaciones de cítricos y produciendo el alza descontrolada de los precios y el desabastecimiento de los mercados. A 1917 el malestar en la capital se canalizó en forma de huelga general, que se prolongó durante varias semanas, enrareciendo el ya de por sí tenso panorama social. En 1919 y 1920 se repitieron las movilizaciones y se entró en una espiral de violencia en la que se sucedieron las bombas y los asesinatos de civiles y de agentes del orden.
La instauración de la dictadura de Primo de Rivera en 1923 frenó durante algunos años la conflictividad social, pero no apagó la creciente radicalización política. El movimiento obrero fue consolidando su organización sindical, mientras los sectores conservadores se aglutinaban en torno a la Derecha Regional Valenciana.
El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones locales, en las que obtuvo una victoria absoluta la coalición de partidos republicanos, ante lo cual Alfonso XIII renunció al trono y abandono el país, proclamándose la Segunda república el 14 de abril. La república abrió los cauces democráticos de participación, incrementando la politización de los ciudadanos. No pudo escapar, sin embargo, de un clima casi permanente de agitación social, que estalló en Valencia ya desde el mes de mayo con el asalto de diversas iglesias y conventos y prosiguió en los meses siguientes con huelgas y tumultos. La movilización de las masas obedecía en ocasiones a motivos menos conflictivos, como el sepelio de los restos mortales de Vicente Blasco Ibáñez en 1932, fallecido en Francia, que constituyó una espectacular manifestación de duelo y respeto.
El ascenso del frente conservador al poder en 1933 propició la llegada de los blasquistas hasta las más altas instancias del poder, pero al mismo tiempo marcó el inicio de su declive por el progresivo conservadurismo del partido. El freno a las reformas emprendidas en la etapa anterior crispó los ánimos de la izquierda, cada vez más radicalizada, mientras los sectores derechistas más extremistas se organizaban en torno a la recién creada Falange.
Este clima de enfrentamiento marcó las elecciones de 1936, ganadas por el Frente Popular, lo que desató el fervor de las clases populares, que de inmediato exigieron la adopción de reformas sociales y económicas. El ayuntamiento fue disuelto, pasando sus competencias a una comisión gestora, y se excarceló a los presos políticos. Pero las protestas continuaron, de nuevo se asaltaron iglesias y conventos, y la polarización entre izquierdas y derechas se hizo cada vez más palpable.
El levantamiento militar del 18 de julio no prendió en Valencia, pues ante la actitud indecisa de los militares, los milicianos del Comité Ejecutivo Popular asaltaron los cuarteles y se hicieron con el control de la ciudad. Durante unos meses se vivió en un ambiente revolucionario, paulatinamente neutralizado desde el gobierno. La marcha de la contienda bélica aconsejó trasladar la capital de la República a Valencia en noviembre de 1937: el gobierno se instaló en el palacio de Benicarló, y los ministerios ocuparon señalados palacios. La ciudad fue intensamente bombardeada por aire y por mar, lo que llevó a la construcción de más de doscientos refugios para proteger a la población. El 30 de marzo de 1939 Valencia se rindió y las tropas nacionales hicieron su entrada en ella.
El advenimiento de la Dictadura provocó un cambio radical: se prohibieron los partidos políticos, se inició una severa represión ideológica, la administración recuperó las competencias anteriores a la guerra y la iglesia abanderó el rearme moral de la sociedad. La autarquía económica provocó una profunda crisis y el desabastecimiento de los mercados: los racionamientos y el estraperlo se impusieron durante más de una década. Para colmo de desgracias, el 14 de octubre de 1957 el Turia se desbordó en la peor riada de su Historia.
A principios de los sesenta se inició la recuperación económica, que Valencia vivió con un espectacular crecimiento demográfico debido a la inmigración y con la ejecución de importantes obras urbanísticas y de infraestructuras. Se puso en marcha el Plan Sur para construir un cauce alternativo al río Turia que evitara futuros desbordamientos, se mejoraron los accesos y se iniciaron reformas interiores, cambiando la fisonomía de algunas plazas destacadas (como la del Ayuntamiento o la de la Reina) y abriendo calles (Poeta Querol). La ciudad creció, se diseñaron nuevos barrios en la periferia y se trazaron nuevas avenidas. El ritmo de vida mejoró: llegó el seiscientos y la televisión.
A la muerte del general Franco en 1975 se inició el proceso de transición democrática y el posterior de transferencia de competencias a la Comunidad Valenciana. La noche del 23 de febrero de 1981, sin embargo, estuvieron a punto de truncarse ambos por la intentona golpista que, desde Valencia, lideró el capitán general Milans del Bosch, afortunadamente fracasada. La democracia propició la recuperación de la lengua y la cultura valenciana, aunque no se pudo evitar cierta crispación social en torno a los simbolos.
En las dos últimas décadas Valencia ha cambiado de cara. Proyectos emblemáticos, como el Jardín del Turia, el IVAM, el Palau de la Música o el de Congresos, el metro, o la Ciudad de las Ciencias, han identificado a los valencianos con su ciudad y están atrayendo cada día más y más turismo. Pero, junto a ellos, son las infraestructuras y los servicios los que convierten a Valencia en una urbe moderna, una ciudad que afronta el futuro con optimismo, consciente de los retos que tiene delante (el crecimiento sostenible, los cambios sociales, la revitalización del centro y de los barrios históricos, la coordinación con los municipios de su entorno) pero firmemente asentada en una destacada posición dentro de España y de Europa. 

Enlace;

Los Borgia. Una dinastía de eclesiásticos valencianos.



  
Palacio Ducal de los Borgia. Gandía (Valencia).
Edificio del siglo XIV,  ampliado durante
los siglos XV, XVI, XVII y XVIII.


El Palacio de los Borja, también llamado Palacio de Benicarló
es una mansión aristocrática del siglo XV que se encuentra
en la ciudad de Valencia y fue construida como residencia de
la familia Borja en la capital del Reino de Valencia.
Actualmente es la Sede de las Cortes Valencianas.

       La familia valenciana de los Borgia, establecidas el Reino de Valencia, fue una de las familias más influyentes del siglo XV, en el mundo occidental. Esta famila, procedente de Xàtiva e instalada posteriormente en Gandía, donde se conserva su Palacio Ducal, fue una importante familia dentro del mundo eclesiástico del Renacimiento.
        Los personajes más conocidos de la familia Borgia fueron Alfonso de Borja (Papa Calixto III), Rodrigo de Borja (Papa Alejandro VI), Cesar Borgia ( Duque Valentino, Cardenal y confaloniero del ejército papal), Lucrecia Borgia (Duquesa de Ferrara),  San Francisco de Borja ( IV Duque de Gandía y III General de la Compañía de Jesús).

            "Calixto III, Alfonso de Borja, nace en 1378 y muere en 1458. Su vida comienza a palpitar, por tanto, más de veinte años antes de que acabe el siglo XIV y se extiende hasta ocho años después de que el siglo XV llegue a su mitad. Alejandro VI, Rodrigo de Borja, nace en Xàtiva el año 1432. Vive en Italia, sin embargo, desde 1449 como familiar de su tío Alfonso, el cual, en 1456 —poco después de ser elevado al solio pontificio—, lo nombra cardenal y, en 1458, obispo de Valencia. En 1457 lo había hecho ya vicecanciller de la Iglesia, cargo que Rodrigo de Borja ocupará hasta que él mismo sea elegido papa. La vida de Rodrigo de Borja en la cúspide de la cancillería papal, primeramente, y, desde 1492, como pontífice supera, por tanto, toda la segunda mitad del siglo XV, ya que el segundo papa valenciano muere en 1503. Rodrigo de Borja es, en consecuencia, un personaje de primera magnitud universal durante un largo período que es clave para la historia de las penínsulas ibérica e itálica, para Europa y para el mundo. Si consideramos el período en que vive su tío Alfonso y las funciones de gran relieve que Rodrigo ocupó antes de ser elegido papa, bien podemos afirmar que observar e intentar comprender a estos dos setabenses es, ciertamente, un buen medio para observar y para intentar comprender ese período clave de la historia.
   Tanto Alfonso como Rodrigo de Borja reciben una formación jurídica. A ella debe, sin duda, Alfonso de Borja los inicios del ascenso social a partir de su condición originaria de miembro de la pequeña nobleza rural valenciana. A ella debe que el rey Alfonso el Magnánimo lo hiciera consejero suyo, como debe a sus conocimientos de derecho canónico y civil y a su probable capacidad de negociación el haber llevado a cabo con éxito los acuerdos que pusieron fin al Cisma de Occidente, hecho que le valió el capelo cardenalicio. Alfonso de Borja es, pues, un hombre de aquel fin de la Edad Media en el que tanto la burguesía económica como los profesionales de las leyes y de la burocracia eclesiástica y real comienzan a desempeñar un papel de primer orden en el seno de unos estados cada vez más fortalecidos y, en consecuencia, a ascender en la escala social. Es, asimismo, un hombre de los viejos tiempos. Desde el momento mismo en que ocupa la cátedra de San Pedro, cuando tenía ya 77 años, su preocupación primera es detener el avance de los turcos, los cuales, tres años antes, habían ocupado ya Constantinopla. Este papa cruzado es un hombre todavía gótico en una Europa que, casi toda ella, también es gótica y que no conoce otro mundo que el suyo propio y una parte de los otros dos continentes que se asoman a las riberas mediterráneas."
Los Borja: del mundo gótico al universo renacentista.
Eduard Mira.


Alfonso de Borja (1378-1458). Papa Calixto III.

Archivo:Pope Alexander Vi.jpg
Rodrigo de Borja (1431-1503). Papa Alejandro VI.

Archivo:Cesareborgia.jpg
Cesar Borgia (1475-1507) Duque Valentino y Cardenal.

Archivo:Bartolomeo Veneto 001.jpg
Lucrecia Borgia (1480-1519) Duquesa de Ferrara.

Archivo:San Francisco de Borja.jpg
San Francisco de Borja (1510- 1572)
IV Duque de Gandía y III General de la Compañía de Jesús.


   Esta fue una de las más poderosas familias del siglo XV, emparentada también con las familias reales más importantes de la Europa de la época, como loe Reyas Católicos, los duques de Ferrara, etc.
   También ejercieron el mecenazgo en las artes. Rodrigo de Borja envió a Valencia a los pintores italianos Paolo da San Leocadio y Francesco Pagano, introductores del Renacimiento en Valencia y España. Su mecenazgo también alcanzó a artistas de la talla de Miguel Ángel, Tiziano y El Bosco, así como Leonardo da Vinci, que diseño diversas máquinas de guerra para el ejército papal.

    Se ha escrito mucho sobre la familia de los Borgia, llevando también su vida al cine, como en la película "Los Borgia", dirigida por Antonio Hernández en el año 2006.






miércoles, 2 de noviembre de 2011

Poetas islámicos en tierras valencianas. Los poetas jardineros.

     

        Los territorios valencianos fueron reconquistados Al-Andalus en el siglo XI por Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como El Cid. La posterior conquista de los territorios por los islámicos, tras la muerte de El Cid en el año 1099, fue seguida de un periodo de crisis económica y social, que sufrieron los islámicos en estos territorios. 
       Pero, esta crisis no evitó la aparición de un grupo de poetas de exquisita sensibilidad, que buscando la paz en su interior y en la naturaleza, adquirieron una gran relevancia, tanto dentro del Islam como en el mundo occidental. Este grupo de poetas árabes-valencianos estaba encabezada por Ibn Jafaya de Alzira y eran conocidos como los poetas jardineros.
       Algunas de las obras de estos poetas dejan ver la herida provocada que surgió de la toma de Valencia por El Cid Campeador. Quedando plasmada esta circunstancia en sus versos. pero, las creaciones más importantes están impregnadas de un aire ancestral, donde se manifiesta su búsqueda interior de la paz y de todo aquello que simboliza la propia naturaleza, cantando desde la libertad del muwasaja o el zéjel. 
            El más importante de estos poetas jardineros fue Ibn Jafaya, muerto en el año 1138, pero no podemos olvidar a Ibn Labbun de Sagunto,  Ibn Ruhaim de Bocairente e Ibn Zaqqaq, sobrino de Ibn Jafaya.

Las espadas han hecho estragos
en tu patio, oh palacio; la ruina y el fuego
han borrado tus bellezas.
Cuando se te contempla largo rato, se
medita durante tiempo y se llora mucho.
La desgracia se ha abatido sobre tus habitantes
y el destino hace sentir su  peso en tu ruina.
La mano de la adversidad ha escrito
en tus moradas interiores:
" ¡Tu ya no eres tu
y tus casa ya no son casas!."
Poesía de Ibn Jafaya,
por la  toma de El Cid de Valencia.
Traducción de Henri Pérès.   
     

Bibliografía;

CERDÁ Manuel (dir.), 1988. Historia del Pueblo Valenciano, 3 vols., Valencia. Editado por Levante. 

jueves, 20 de octubre de 2011

El Románico en el Reino de Valencia.


    En el siglos XIII encontramos que dentro de  los reinos cristianos estaba empezando a cristalizar el estilo Gótico de procedencia francesa, pero en los Reinos de Aragón y Cataluña todavía se mantenían las estructuras tardorrománicas o protogóticas, siendo esta la influencia que llegó al Reino de Valencia durante su reconquista.
    Principalmente fue en la decoración donde se mantuvo la tradición románica, visible sobre todo en el uso de arcos de medio punto en las portadas, en la importancia de los carteles figurativos y en una decoración de arquivoltas e impostas a base de motivos geométricos o vegetales.
     El Románico que nos llega al Reino de Valencia podemos encontrarlo en distintos edificios realizados durante la segunda mitad del siglo XIII. La mayor cantidad de este modelo corresponde a la zona alta de Castellón donde debió haber ejemplos muy tempranos, destacar la Parroquia de San Mateo de Castellón con la portada con tres arquivoltas que cargan sobre columnas con capiteles esculpidos. Al igual hay ejemplos en Catí, Castell de Cabres, Albocacar, Alcalatén, Onda y San Pedro de Segorbe. 
       En La provincia de Valencia encontramos algunos ejemplos  en la Portada de la Iglesia de la Sangre de Liria, en la portada de la Iglesia de San Feliu de Xàtiva, la portada de la iglesia del Salvador de Sagunto, la portada lateral de la iglesia del monasterio de El Puig, la iglesia de San Juan del Hospital de Valencia y, resulta de especial interés, la Portada del Palau de la Catedral de Valencia. También de esta época son las ruinas del templo de Termils de Carcaixent, las dos portadas del Monasterio de San Vicent de la Roqueta, las naves de Godella, Puebla de Vallbona y Benissano, y la ermita de la Virgen de la Huerta de Ademuz.
      En la zona alicantina se constatan de esta época las iglesias de Calpe, Banyeres y Jijona; y el Castillo de Castalla.


Ermita de la Virgen de la Huerta, Ademuz.
Destaca el pórtico y la portada con arco de dovelas.



Foto de Portada Románica. (San Mateo, Provincia de Castellón - Comunidad Valenciana)
Portada de la iglesia de San Mateo, Castellón.
Destacan las arquivoltas y la decoración de los capiteles.

Portada de la iglesia de la sangre de Liria, con decoración
de arquivoltas sobre arquillos y capiteles historiados y
decoración con formas vegetales.



Portada de la iglesia de San Feliu, en Xàtiva.
Portada de medio punto dovelada.

Portada de la iglesia del Salvador de Sagunto.
Presenta un arco de medio punto dovelado.

Portada lateral de la iglesia del Monasterio de El Puig.
Presenta el arco con cierto apuntalamiento. pero
destaca la decoración mediante elementos
figurativos de tradición románica.

Portada de la iglesia de San Juan del Hospital.
Presenta una portada de medio punto dovelada.

Portada del Palau de la Catedral de Valencia.
Presenta una decoración de arquivoltas en abocinado, 
donde destacan los capiteles decorados con historias
bíblicas. Esta portada muestra una clara influencia de
la puerta de los Infantes de la Catedral de Lleida.

Templo de Ternils, Carcaixent.
Destaca la portada con arco de medio punto
y los contrafuertes de los muros .

   
      Se conservan muy pocos restos de la pintura de estilo protogótico que se realizaron en el Reino de Valencia, caracterizándose estas pinturas por sus reminiscencias del Rómanico. Cabe destacar las pinturas murales que se conservan en la cámara secreta de la Catedral de Valencia, cámara situada sobre el paso de la sacristía, donde se pueden contemplar escenas de la Pasión de Cristo.
      En los muros de la iglesia de la Sangre de Liria se conservan pinturas con escenas del Martirio de San Pedro de Verona y de la vida de Santa Bárbara. También en Liria se conserva un Calvario y una Anunciación en el Hospital del Buen Pastor.
       La iglesia de San Feliu de Xàtiva conservan dos escenas en sus muros. La primera muestra a un santo mitrado bendiciendo o bautizando a un converso, mientras que en la segunda aparece otro santo mitrado y un obispo bautizando por inmersión a tres niños.

Pintura mural de la Cámara Secreta de la Catedral de Valencia.

Escenas de la vida de Santa Bárbara.
Iglesia de la Sangre de Liria.

Calvario y Anunciación del Hospital del Buen pastor. Liria.


      La escultura de mediados del siglo XIII que encontramos en el Reino de Valencia, muestra una clara tendencia e influencia de la escultura románica. El hieratismo, la macrocefalia del rostro y la homogeniedad en la aplicación del color son características de estas esculturas, resultando arcaicas. La principal función de estas piezas es la de exaltar la devoción cristiana, abundando las imágenes marianas, principalmente la figura de la Virgen con el niño. 
     Las piezas de escultura tardorrománicas o protogóticas resultan escasas en tierras del reino valenciano, destacando la Virgen del Rebollet, la Virgen del castillo, Nuestra Señora de la Consolación (Corcolilla, Alpuente), la Virgen de Olocau, la Virgen de San Juan del Hospital, la imagen relicario de la Virgen de la catedral de Valencia y la escena del Transito de la Virgen de la Catedral de Valencia.
         También cabe destacar los capiteles historiados de la Puerta del Palau de la Catedral de Valencia, los capiteles de la portada de la iglesia arciprestal de San mateo, la escena de las Bodas de Cana en la imposta de la puerta principal del monasterio de El Puig y la pila de agua bendita de la iglesia de San Feliu de Xàtiva.

Virgen del rebollet.
Ermita de Nuestra Señora del rebollet,
Oliva, Valencia.

Virgen del castillo.
Ermita de Agres, Alicante.

Virgen Relicario de la 
Catedral de Valencia.

Capiteles historiados de la Porta del Palau
de la Catedral de Valencia.

Pila de agua bendita.
Iglesia de San Feliu, Xàtiva.





Enlaces de interés;














La Gioconda Valenciana.

Copia de la Gioconda, conservada en 
el Museo del Prado.
      

La copia de la Gioconda, pintura de Leonardo da Vinci conocida también como Monna Lisa, que se conserva en el Museo del Prado, es, posiblemente, una copia del original realizada por Fernando Yáñez de la Almedina, o por Fernando Yanos.
      Fernando Yáñez, junto con Fernando Yanos, forman una singular pareja de pintores conocidos como los Hernandos. Ambos realizaron diversos trabajos en Valencia dentro del marco del Renacimiento español del siglo XVI, como las puertas del retablo del altar de la Catedral de Valencia.
     Los Hernandos se vinculan al círculo de Leonardo da VInci, pues, algunas fuentes documentales informan sobre la presencia de "Fernando Spagnuolo" trabajando en Florencia con Leonardo da Vinci en las pinturas de la Gran Sala del Consejo de la Señoría, donde Leonardo se encontraba realizando el mural de La batalla de Anghiari
       Después de la estancia de estos pintores en Italia, donde se impregnaron del estilo leornardesco, algunos autores sugieren que la copia de la Gioconda que se encuentra en el Museo del Prado, podría ser de alguno de los Hernandos.



                        La Gioconda de Leonardo da Vinci.      La Gioconda de Fernando Yañez.


miércoles, 19 de octubre de 2011

Las cruces de término en tierras valencianas.

  Las cruces de término se colocaban antiguamente, sobre todo entre los siglos XIII al XV, en las entradas de las ciudades y los pueblos como muestra de piedad cristiana.  En el Reino de Aragón, vinculado al Reino de Valencia, se colocaban estas cruces junto a los caminos, para  fomentar la piedad de los viajeros, e igualmente se colocaban frente a monasterios, ermitas u otros templos cristianos. En los reinos de la Corona de Aragón, a estas cruces, se les llamaba peirones.

Cruz de término de Elche.


Cruz de término del camino del Mar.
Avenida del Puerto. Valencia.

Cruz de término de Pinedo.

Cruz de término de Paiporta.

Cruz de término de Jàvea.

Cruz de término de Burjasot.

Cruz de término de la Fonteta de San Lluis, Valencia.

Cruz de término del siglo XV.
MARQ, Museo arqueológico de Alicante.

Cruz de término del siglo XVII. 
Museo arqueológico de Denia, Alicante.





      Las cruces de término que muestran una maestral decoración escultórica son las del Maestrazgo, sobre todo las de Morella y san Mateo.  Siendo también digna de admiración la cruz de término que se conserva en el Museu de l´almodi de Xàtiva.

Cruz de término de Morella. Siglo XV.

Cruz del Museu de, Museu de l´almoina de Xátiva.

Cruz de término de estilo gótico. 
Escuela levantina, labrada en la segunda mitad del siglo XV.





       En Valencia capital, Alzira y algunos otros lugares, las cruces se cubrieron con baldaquinos o casilicios góticos de crucería, o cubierta de madera, que apoya sobre cuatro robustos contrafuertes y trasdosados de teja, a veces vidriada.
     La cruz cubierta más antigua construida entorno a la ciudad de Valencia es la cruz cubierta de camino a Barcelona, llamada también Cruz del camino de Morvedre. Esta se encuentra en la población de Almàssera, y fue construida en el siglo XIV. Cercanas a Valencia también encontramos las cruces cubiertas de término del Camino Real de Xàtiva, en la calle San Vicente, y la cruz cubierta de Mislata, ambas del siglo XIV.


Cruz cubierta d´Almàssera.

  
Cruz cubierta de la Calle San Vicente.

Cruz cubierta de Mislata.



Cruz cubierta de Alzira.


Cruz cubierta de Jávea.



   En la actualidad siguen arraigadas a nuestra cultura estas cruces de término, que llenan los paisajes de la comunidad valenciana y de toda España, encontrando algunas de estas cruces realizadas en la actualidad, como la cruz de la carretera de Alicante.

Cruz de la carretera de Alicante. Pista de Silla. Valencia.

ENLACES DE INTERÉS:





http://es.globedia.com/cruces-termino-valencia

https://dl.dropboxusercontent.com/u/62271624/Creus%20de%20terme.%202008.pdf

http://esthisart.blogspot.com.es/2016/04/las-cruces-de-termino-de-javea-xabia.html

BIBLIOGRAFÍA

Recientemente se ha editado el libro "Las cruces de término del Reino de Valencia" del Historiador del Arte D. Francisco Iglesias. El libro analiza y estudia los antecedentes de la cruces de término, esos pequeños monumentos medievales que podemos encontrar en las entradas de nuestras ciudades y villas, y que representan un importante legado patrimonial de nuestros antepasados y una seña de su cultura y sus costumbres que debe ser conservado, difundido y transmitido a las generaciones venideras.